En Tierra Astur existen gran cantidad de poblaciones que fueron inundadas por las aguas en tiempos inmemoriales, como aquélla que se extendía en el lugar donde hoy está el Lago de Enol, junto a Covadonga. No muy lejos de allí, en el valle del río Luna se sitúa el Lago de Isoba.

Más al Sur, en el Lago de Sanabria se levantaba una ciudad llamada Valverde de Lucerna, conocida por la poca caridad y compasión mostrada por sus vecinos. Un buen día decidió Jesucristo visitar la villa disfrazado de peregrino, y la recorrió sin encontrar a nadie que se dignara a darle una lismosna. Sólo un panadero se compadeció de él y le ofreció algo de comida. En ese momento el misterioso peregrino clavó su bastón en el suelo y exclamó "Aquí finco mi bastón, aquí salga un gargallón". Seguidamente comenzó a brotar del suelo una gran cantidad de agua que a la postre inundó toda la ciudad con excepción de la casa del panadero. Y cuando las aguas anegaban Villaverde varios habitantes trataron de salvar las dos campanas de la iglesia, pero sólo consiguieron poner a resguardo una. La otra se hundió definitivamente bajo las aguas, y aún hoy se oyen sus repiques durante la noche de San Juan.

Prácticamente por todos los países celtas nos encontramos con las huellas de ciudades que fueron sumergidas por una gran inundación.

En la Bahía de Douarnenez (Bretaña) se situaba Ker-Ys (Ciudad de Is, en bretón), una ciudad de belleza singular que el gran rey Gradlon ordenó construir para su hija Dahud. Estaba construida en terrenos ganados al mar, y por ello estaba protegida por un dique de tierra, cuya puerta principal se abría y se cerraba con la ayuda de una llave de oro que el Rey tenía colgada de su cuello. En cuanto tomó posesión de la ciudad, Dahud implantó un sistema de gobierno basado en el paganismo y la ginecocracia (gobierno de las mujeres) y los habitantes de la ciudad comenzaron a llevar una vida de corrupción y libertinaje...pero el castigo no tardaría en llegar. Dahud fue seducida por un demonio que tomó la apariencia de un apuesto príncipe. Como prueba de su amor, éste le pidió a ella que le entregase la llave de oro con la que se abrían las compuertas del dique. Ella accedió y la noche siguiente la ciudad fue inundada por las aguas.
El Rey Gradlon pudo escapar por los pelos, montándose en su caballo y huyendo a toda velocidad de las olas. Se llevó con él a su hija, pero en cuanto los fugitivos se toparon con San Gwennole éste tocó a Dahud con su cruz, el mar dejó de rugir y ella desapareció bajo las aguas, quedando convertida en sirena.
Desde entonces algunos pescadores de la bahía han visto a Dahud debajo de las olas del mar y en ciertas noches de luna llena se pueden oír aún los campanarios de las iglesias de Is entre el sonido de las olas. Se dice que la ciudad a menudo abre sus puertas a viajeros que pasan por aquél lugar y son puestos a prueba por los habitantes de la ciudad. Y si alguno de ellos llega a superarla, París se hundirá y resurgirá la Ciudad de Is.

Al otro lado del mar, en Cornualles, lo que se hundió no fue una simple ciudad, sino todo una región: El reino de Lyonesse. En tiempos del Rey Arturo, Lyonesse era un reino floreciente que disfrutaba de un clima envidiable durante todo el año. Los huertos daban cosechas y los árboles frutos durante diferentes épocas del año. Los hombres de Lyonesse eran fuertes, altos y guapos; y las mujeres poseían una gran belleza. Los castillos de los caballeros de Lyonesse eran esplendorosos, e incluso los más pobres campesinos vivían en casas decentes entre jardines encantadores. A pesar de la nobleza de sus habitantes, su tierra se hundió bajo las olas más o menos en la época de la muerte del Rey Arturo. Sólo un hombre llamado Trevilian sobrevivió a la inundación, pues consiguió escapar a tiempo a lomos de un caballo blanco, que desde entonces aparecería en el escudo de su familia. Ahora, cuando el viento del Atlántico sopla desde el Oeste los pescadores de Cornualles oyen repicar a las campanas del antiguo reino de Lyonesse lúgubremente bajo las olas.

Para los galeses el reino sumergido se llamaba Cantre'r Gwaelod, se situaba en la Bahía de Cardigan y estaba gobernado por el Rey Gwyddno Garanhir. La causa de la inundación fue la negligencia de Seithenyn, el príncipe encargado de custodiar la muralla, que se había emborrachado en una gran fiesta que hicieron en el reino. Esa noche hubo una gran tormenta, y sólo una persona, el guardia Gwyn, fue capaz de escapar a caballo de las olas, acompañado de la hija del Rey.

En el caso del Lago Neagh (Irlanda) la inundación se produjo también por una negligencia, en el año 90 de nuestra Era: En los alrededores de la comarca había una fuente a cuyo cargo se situaba un hada (muy parecida a nuestras xanas), la cual un día descuidó la vigilancia de la fuente, lo que provocó la inundación de toda la comarca, sobreviviendo únicamente dos hermanos, Conang y Curman, y la hermana de éstos, Liban y su perro. Ella fue convertida en sirena, adquiriendo cuerpo de salmón de cintura para abajo y su perrito fue convertido en nutria. Así pasó 300 años hasta que al final los primeros misioneros cristianos de Irlanda le ofrecieron descansar en paz: Ella accedió, murió y fue convertida en santa.

En ocasiones la inundación sobreviene para proteger a una persona o a una fortaleza. Así, antaño en Carbonek (el castillo del Grial) jóvenes doncellas recibían antaño a los viajeros, ofreciéndoles copas llenas de un brebaje reconfortante. El rey Amangon violó a una de esas jóvenes y le robó su copa. Entonces el reino fue devastado, las aguas surgieron de todas partes e inundaron la corte del Rey Pescador, que era tan bella y rica en ornamentos. Las fuentes se desbordaron y la inundación fue completa. En Irlanda el Loch (lago) Erné surgió de un modo parecido: Erné, copera de la reina, desapareció en el lago con sus seguidores después de que unos viajeros intentaran forzarla.

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