TINTAGEL

Tintagel es el nombre de un famoso castillo, hoy ya en ruinas, que se alzaba en una pequeña península situada en la costa septentrional de Cornualles. En su día era una de las fortalezas más grandiosas de la Britania céltica: Estaba rodeado de campos, huertos, árboles frutales, fuentes y charcas llenas de peces. El embarcadero situado a los pies de Tintagel estaba repleto de barcos, algo por otra parte necesario, pues el castillo estaba completamente rodeado por el mar. La fortaleza estaba bien provista frente a todo tipo de ataques, y su torreón, que los gigantes habían construido mucho tiempo atrás, se componía de enormes piedras de color azul y amarillo, dispuestas a modo de tablero de ajedrez. Era tal la grandiosidad de este castillo que el príncipe Tristán cuando lo vio por primera vez exclamó: "¡Tintagel! Benditos seáis tú y los que moran en tu interior".

En ese castillo vivía el rey Mark el tirano, que gobernaba desde allí todo Cornualles y parte de Bretaña. Una de las características de este rey era que tenía las orejas de asno, algo que se le notaba sobre todo cuando se cortaba el pelo y por eso hacía asesinar a todos sus barberos una vez que éstos habían acabado su trabajo. Pero la verdad se descubrió cuando un músico fabricó un juego de gaitas a partir de las cañas que crecían en la tumba de uno de estos desafortunados barberos: Cada vez que una de estas gaitas era tocada, se oía "¡El rey Mark tiene orejas de asno!".

Tintagel fue también protagonista de la más hermosa historia de amor de todos los tiempos: El romance de Tristán e Isolda. Tristán era el sobrino del rey Mark, un caballero muy leal que recomendó a su tío, que ya era todo un solterón, que se casara. La elegida fue la princesa Isolda, la hija del rey de Irlanda. La madre de Isolda había preparado un filtro de amor, para que su hija y el rey Mark la bebieran durante la noche de bodas, y así, se amasen eternamente. Pero por desgracia durante la travesía Isolda y Tristán bebieron accidentalmente de la pócima y se enamoraron. Cuando llegaron a Tintagel mantuvieron su relación a escondidas durante todo el tiempo que pudieron, pero finalmente el rey Mark se enteró. Tras muchas peripecias los amantes fueron perdonados por el Rey y Tristán se marchó a Bretaña y allí se casó con otra mujer. El príncipe resultó herido mortalmente en una última batalla, y pidió como último deseo poder ver a Isolda, pero su esposa, celosa, le mintió y le dijo que ella no quería venir. En ese instante falleció Tristán, e Isolda, que llegó poco tiempo después, murió también al ver su cadáver. El rey Mark, al enterarse, trasladó los cuerpos a Tintagel, y los enterró en una capilla del palacio. Y la noche siguiente una zarza salió de la tumba de Tristán y trepó hasta la de Isolda.

Pero Tintagel es sobre todo conocido por su conexión con el Rey Arturo, pues allí fue donde este nació y creció este gran rey. Uther e Igraine.

Y Arturo nació en Tintagel nueve meses después, el día 21 de Diciembre, festividad pagana del Solsticio de Invierno, que a partir de ese momento sería conmemorado con el nombre de Luz de Arturo (Alban Arthuan). Ello fue un suceso de importancia capital para el mundo celta: Había nacido el Enviado, el Mesías Céltico destinado a liberar a su pueblo de las cadenas que le oprimían.

En aquella época había comenzado la invasión anglo-sajona de Gran Bretaña: Tras el nefasto reinado de Vortigern los ingleses se habían hecho ya con el control de la parte sudoriental de la isla, y ya habían tomado Londres. Miles de celtas tuvieron que abandonar sus hogares y trasladarse a las zonas más occidentales de Britania.

Pero Arturo logró unificar a los diferentes reinos británicos y realizó campañas victoriosas contra los irlandeses, los pictos, y especialmente contra los sajones, a quienes derrotó en la gloriosa batalla del Monte Badón: El avance inglés fue detenido, y los celtas pudieron recuperar sus posiciones en el valle del Támesis. Comenzó una época de gran prosperidad en Britania, que sólo sería detenida por la muerte del Rey Arturo en la batalla de Camlann a manos de su sobrino Mordred.

A partir de aquél momento se sucedieron las desgracias en el Reino: El clima enfrió, se perdieron muchas cosechas y las pestes se cebaron sobre los habitantes del país; paraísos como Lyonesse se hundieron bajo las aguas. Pero lo que es peor: Los anglo-sajones reanudaron su avance hacia el oeste, haciéndose con la mayor parte de la isla, y miles de celtas tuvieron que refugiarse en Gales, Cornualles, y algunos de ellos incluso atravesaron la mar, dirigiéndose a Bretaña, Asturias y Galicia.

Pero para todos estos fugitivos Arturo no había muerto, sino que simplemente se encontraba en dormición en Avalón, o en alguna gruta o alguna colina, desde donde regresaría algún día para restaurar la unidad del mundo céltico. Y a pesar de los esfuerzos realizados por sus opresores para demostrar que Arturo había muerto, ellos siguieron esperando, desde lo más profundo de sus corazones, el regreso de su Rey.

Por eso Tintagel es el centro espiritual no sólo de Cornualles, sino de todo el mundo celta, en la medida en que allí nació el hombre cuya vida vendría a simbolizar el destino de la civilización céltica, nuestra civilización: Y en este sentido coincido con Jean Markale en el sentido que la vuelta futura de Arturo representa el renacimiento de la cultura de los antiguos celtas, dispuesta de nuevo a invadir el mundo occidental.

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